22 de abril de 2009

Cartagena nuevamente. Y el pequeño detalle de cruzar a Panamá

De paso por Cartagena y Santa Marta tuvimos la suerte de encontrarnos con la gente de Viajemos que nos facilitó la estadía!

Y sí... podemos decir que estamos del otro lado del canal, como prometimos. Pero no fue fácil llegar, muchas cosas sucedieron en este tiempo de ausencia:


En Santa Marta pasamos los últimos días con los muchachos del "Citro" que vinieron a nuestro encuentro, disfrutamos un fin de semana en una playa bastante alejadita de Taganga. Pusimos nuestras hamacas en una vieja construcción abandonada para resguardarnos del viento y ahí dormimos contentos durante dos noches. En el día nos dedicamos a "caretear", una nueva actividad que incluímos a nuestra rutina caribeña: antiparras (si tenemos suerte y se las robamos a alguien), snorkel y al agua pato... mientras el sonido de la respiración es lo único que te acompaña descubrís un mundo incréible bajo la superficie: peces de todos los tamaños y colores estuvieron ahí todo el tiempo y recién ahora los conocemos, pero fue MÁGICO! Juan consiguió un arpón y finalmente decidió asumir la responsabilidad de cabeza de familia y se metió a pescar, así, a lo salvaje... y lo logró che! Salió con un pececito hermoso de colores (no sé si quedarme con el hombre responsable o el asesino despiadado del pobre animalito...)





- En la gloriosa Sociedad Portuaria de Santa Marta -





- Nos despedimos de Juana, miembro de la comunidad hippie (jajaja), una amiga que hicimos en Santa Marta -



- Juancho mirando el fuego -







- Los Cuatro Fantásticos y dos amigos chilenos -



Después de dos meses en el mismo lugar, finalmente presionamos y presionamos en el Puerto para escuchar lo que queríamos: "El buque sale el 14 de Abril". Rapídisimo cargamos a la guerrera que tan triste estaba de haber parado durante tiempo y partimos hacia Cartagena, desde donde se embarcarán los autos.
Nos despedimos de nuestro anfitrión, y ahora amigo, LEO. La verdad que no tenemeos palabras para describir la persona que encontramos en Santa Marta, pasó hacer como un hermano y siempre así lo recordaremos. Gracias por compartir tu vida con nosotros, ¡Loco sos un grandeeeeeee! ¡Y un cara de Mondá! jejejeje.
En Cartagena de nuevo nos recibió Andrés, y a un amigo de él, Mauricio nos alojó después a los cuatro. Pasamos los primeros dos días metidos en el puerto, doce horas seguidas yendo y viniendo: PAPELES Y MÁS PAPELES... Supuestamente las personas "naturales" no son las que se encargan de estos trámites, sino que son empresas las que se ocupan de lidiar con estos temas burocráticos, pero por supuesto todo es plata y nosotros decidimos ahorrarnos cada peso. La gente de la Sociedad Portuaria de Santa Marta se comprometió a colaborarnos con el pago del flete (lo que cuesta muchísimos dólares y es una inmensa ayuda) y nosotros nos hacemos cargo de tramitar todo. ¡Pero qué difícil! Fue un sube y baja de sensaciones: nervios, ansiedad, alegría, decepción, impotencia, euforia... TODOOO



- Andrés -



- Mauricio -





- Isabela -


Pero entre tanto estrés, nuestros fabulosos anfintriones decidieron agasajarnos y qué mejor que un vinito! Además de unas tardes de pileta, guitarreada en el Centro Histórico, un paseo por el jardín botánico, regalitos... y mucho amor!! (Gracias chicos!!)























Los citroamigos nos prestaron su idea y encaramos un nuevo negocio: la venta de postales. El sistema es así: se eligen unas buenas fotos del viaje, se imprimen unas 4.000, se sale a recorrer los bares y cafés contando la historia y mostrando las fotos, se pide una voluntad por la o las postales elegidas, se recauda bastante en pocas horas, se conoce mucha gente, y se va uno feliz al hogar (hogar?). Y funcionó!!! Las postales no fallan, Cartagena en Semana Santa se prestó para juntar bastante y así seguimos... Y al fin se vino el gran momento: meter los autos en el puerto.








Y Ahí quedaron, los dos chiquitos entre tantas bestias portuarias, hicimos oficial el abandono y seguimos con los trámites. Y muuuuy de a poquito fuimos logrando lo imposible. La policía de Antinarcóticos los revisó hasta el último y más remoto rincón, pero Pancho y Facu se gozaban de verlos revolcarse entre nuestras cosas y no encontar nada... lo aburrido fue volver a poner todo en su lugar. Después se metieron los dos en el contenedor y -como dice Herman- ¡Las cosas que charlaran esos autos ahí adentro.













Una vez encaminados los consentidos, como siempre los más privilegiados, partimos a hacer nuestro cruce, ellos todos relucientes atados dentro de una cajita y nosotros... La salida de los autos por Colombia es considerada una exportación, por lo tanto viajan en un buque de carga entre bananos y carbón; nosotros no podemos ir en el mismo lugar, nos quedan dos posibilidades: el avión o ¿¿¿¿????. El avión se descartó totalmente ya que no contamos ni con la cuarta parte de lo que cuesta un pasaje; y "¿¿¿¿????" terminó siendo un millón y medio de todos los medios de transportes restantes existentes.


1- Cartagena - Montería: en combi. La negociación del precio nos advirtió que estos días no serían fáciles.


2- Montería - Turbo: en una pick up, en la caja iban los cuatro ratas argentos que pagaron menos pero encuadrecieron sus bellas colas a los golpes. Llegamos casi de noche y los Bomberos nos hicieron un lugar en su cuartel y después de una gran y dura batalla contra los mosquitos pudimos dormir.


3- Turbo - Capurganá: a las seis de la mañana presentes en el mini puerto del pueblo buscando a la dueña de la lancha para ofrecerle algo de artesanía y lograr que nos bajara el precio... costó, pero lo conseguimos. Igualmente suponemos que se aseguró de decirle al "lanchero" que nos ubicara en la peor parte de la nave y sufrimos como locos entre golpe y golpe cuando ibamos a 100 por hora y veíamos las olitas que se aproximaban. Desde acá comenzamos a ver el Tapón del Darién, esta es la región selvática que comienza en Colombia y cubre casi la mitad de Panamá; son kilómetros y kilómetros de tierra de nadie (bue! de nadie! no hace falta pensar mucho quienes son los "nadies") y a donde no entran más que los que lo tienen permitido, por eso toda esta aventura obligada. Vamos en la lancha y miramos esa densidad de arbolitos y pensamos: "¿Por qué? Si el mundo es de todos...". Después de tres horas de agonía y de pensar "maaaamiiii mamiiiitaaaa ¿¡por qué me dejaste hacer este viaje?!" jajajaaj.... llegamos al último pueblito de Colombia y a esperar otra lancha, a lo que habíamos jurado no subirnos nunca más en la vida, estábamos haciéndolo dos horitas después.


4- Capurganá - Puerto Obaldía: conseguir otra lanchita no fue fácil, nadie nos quería llevar por tan poca plata... pero uno refunfuneó y nos subió... aunque también se vengó porque llegando al primer destino de Panamá quizo barrenar una ola para entrar más fácil y se llenó la canoita de agua, casi nos damos vueltas y perdemos todas las mochilas (no es joda).




- Aymi embolsando las mochilas, eso ya nos advertía cuánto se movería la lancha -












- Capurganá, Colombia -









- Puerto Obaldía, Panamá -







5- Puerto Obaldía - Cartí: después de pasar dos noches en unas hamacas que nos prestaron ubicadas en un hotelcito, pudimos finalmente salir de Puerto Obaldía, este lugar es una base militar, no hay naaaada... ahí nos tocó esperar algo que saliera para el lado de Ciudad de Panamá, ruta no hay, ni ningún tipo de camino por tierra, otra vez a elegir: avioneta o barco, lancha, etcétera. Vía aérea era un poco más caro y no tenía la diversión de un barquito que habíamos visto anclado en el puerto: el "Lya del Mar" (eeeeehhh que tul el "Lya"?), pero el barquito no salía... los extrangeros se acumulaban y finalemente llegó el capitán y "toooodos a bordo". Sellamos los pasaportes en Migraciones (= trabajocuandoquiero) y empezó la travesía en el crucero de carga, zarpó la nave con la siguiente tripulación: ocho marineros, un cocinero (bah, arrocero), un capitán, un perro y los infiltrados: un canadiense, dos franceses, un español, un belga, una italiana, un inglés y cuántos argentinos???? SEIS! (siempre dando la nota).





El "Lya del Mar" es un barquito de carga que transporta el gas para las personas de las islas en las que se detiene, para quienes lo pueden comprar claro, algunos productos y a veces gente; y que va desde lo más cercano a Colombia hasta Cartí, en dos noches y tres días, pasando por todo el archipiélago de San Blas, estos son cientos de islitas en el Mar Caribe, en muchas de ellas se instalaron los Kunas, un grupo indígena de los más autóctonos que vimos. Ellos se alejaron de la peligrosidad de la selva y viven en las islas aisladas, pero la utilizan para sacar agua dulce y demás provisiones. Los Kuna son muy abiertos y aunque la mayoría no habla español, fueron ellos los que nos mataron a preguntas. Entre bananos y garrafas pasamos nuestra estadía, la cual de un momento para otro resultó ser de cuatro días y cuatro noches. Aunque vimos delfines, conocimos gente y lugares hermosos, nos tiramos algún que otro "piquero" (clavado) al agua; no dábamos más de comer arroz y nada más que arroz... sin sal, sin aceite... señoras y señores era SÓLO ARROZ en las tres comidas diarias, aunque podemos admitir que alguna vez se jugaron con una cucharadita de frijoles y algun plátano. Y al fin llegamos a tierra firme...




















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- Una madre Kuna con su hijo albino. Este es un fenómeno que se da en todas las islas: nacen chicos con un color totalmente distino al resto pero con sus mismos rasgos, Nuestra suposición es que en algín momento los genes familiares se mezclan entre sí.




- Increíble, llegamos a Playon Chico, una isla mas del archipiélago y nos encontramos con este grupo de chicos que, a través de sus palabras y su tabla de surf nos confiaron su lado izquierdista -







- Aymi pintada por una Kuna -



- Un partidito de básquet Kuna -










- El team extrangero (más sucio y hambriento que nunca) -






- El team local, los marineros -


6 - Cartí - Ciudad de Panamá: la tierra firme era firme pero rodeada de mar... Cartí resultó ser una isla. De nuevo nos subimos a un botecito de madera y sufrimos hasta llegar al continente, esta vez también parecíamos hundirnos. Pero llegamos... siempre es divertido después contarlo, para nosotros fue increíble, pero real! Creíamos que la odisea había acabado pero desde que pisamos Panamá lamentablemente nadie nos ayudó con nuestra escasez de dinero y ésta situación no fue la excepción: nos cobraron "entrada" al lugar de donde salían los transportes... y las camionetas nos cobraban una fortuna por hacer tan sólo dos horas de viaje. Nos costó unas horas de espera pero lo conseguimos... dos vehículos nos levantaron.


Aaaahhh... ¿Creían que todo había terminado ahí? ¡¡¡No!!! después de tener que convencer a los de un control para que nos dejaran pasar porque quienes nos llevaban no estaban autorizados a transportar turistas, atravesar un río en donde nos detuvimos a cargar dos enormes barriles de agua que después nos servirían para hecharle al radiador durante las diez mil veces que paramos en el camino evitando que se fundiera el motor.






Al entrar a la capital de Panamá nos encontramos con un embotellamiento enorme causado por camapañas políticas que no nos dejaba llegar. ¡Pero lo hicimos! ¡SI, LO HICIMOS! Pasamos siete días para llegar al país, lo que podría haber sido una hora de avión, pero como dice Facu: "¿Quién nos quita lo bailado?". Aunque esta vez nos quedaron doliendo las patas...


Sin saber dónde dormir, sin autitos y desamparados, en lo único que pensamos fue en comer! Después de un super menú nos comunicamos con Pía y Walter, unos argentinos que viven acá desde hace seis años y nos recibieron de diez. Fue como encotrar la lámpara de Aladino, nos recibieron con mate, después unas pizzas, cerveza y como si eso fuera poco ALFAJORCITOS de maizena... y mucho pero mucho amor!!!!


Como siempre en el viaje, todo se da vuelta rapido, mientras esperamos para poder retirar los autos y salir de nuevo a las rutas, disfrutamos del cariño de estos dos nuevos papás...