27 de junio de 2009

+ Puero Viejo, San José; Costa Rica

La última semana en Puerto Viejo cerró con broche de oro la estadía en este paraíso. Disfrutamos de la hermosa casa en la playa de María y Eze. Rutina caribeña: levantarse, desayunar mirando el mar, ir a la playa a hacer snorkel o a jugar con Mía, volver a la casa y cocinar un rico pan casero, mirar el mar, mirar la lluvia mirando el mar, mirar el atardecer mirando el mar… y bue, cenar mirando el mar! Después, alguna peli y tal vez dormirse escuchando las olas… del mar!
Despedirse de esta vida y esta familia no fue nada fácil, dejamos atrás una vez más hermosas personas que nos marcan para siempre… Mía, un punto aparte, no se va a acordar de nosotros pero seguramente también moldeamos algo de su personalidad en estas largas semanas que no nos despegamos de ella…










La Celestina sigue campante por los caminos centroamericanos que se desbordan de selva y después de superar una gran loma, resaca de los Andes, llegamos a la capital, San José de Costa Rica. Nos sentimos otra vez por Ecuador o el sur de Colombia, donde aquellas ciudades se meten en los valles entre las montañas.


Al día siguiente nos pusimos a andar por el barrio de Escazú, “tendríamos que buscar algún restaurante argentino para vender postales hoy”, le digo a Juancho y así, por arte de magia, como siempre, vemos al final de la esquina un cartel con la celeste y blanca. “Taberna Argentina”, indica, y ahí nomás entre empanaditas y vino con José, su dueño, a eso de las dos y media de la tarde, ya sabíamos donde dormiríamos esa noche.


José, Blanca, Fabio y Ana son la familia Olmos, de Catamarca. Son argentinos pero viven en este país desde hace 16 años… igualmente se encargan de recordaR diariamente de dónde vienen con una gran vitrina instalada en el comedor que expone nuestras costumbres.





Esa misma noche salimos a vender postales, pasar por una capital significa hacer cosas de civilización (lo que no quiere decir que seamos civilizados, jeje): arreglitos de la camio, hacer dinero, hasta controles médicos!! (pónganse contentas madres!, tienen hijos incivilizados pero responsables). Cinco noches, un par de horas y ya está está… seguimos agradeciendo la gran idea de citronística de las postales! Con los bolsillos más cargados estamos listos para seguir…

El dueño del restaurante argentino "El novillo alegre" se merece un aplauso! (y la provoleta del asado que nos invitó también!)

Antes disfrutamos de un lindo domingo del día del padre con los Olmos, por la mañana nos fuimos tempraniiiiito a recorrer dos Parques Nacionales del país, ¿¿alguien se imagina en Argentina recorrer el Parque Nacional Iguazú y el Parque Nacional Los Alerces en una misma mañana?? Bueno, en Costa Rica eso es posible, todo es tan cerca que subimos al Volcán del Parque Nacional Irazú y al del Turrialaba en algunas horas nada más. Llegar al segundo fue una verdadera odisea, escalamos casi 4.000 metros con una camioneta por un camino que tenía letreros tales como: “Use la tracción” y a los escasos metros: “Use la fuerte!!”. Y todo para que en la cima te echen rápido debido a los gases tóxicos que emana el volcán.





















Al mediodía asadito completo, con charlas de política y todo!!!! (Sino no era completo).


El resto de los días aprovechamos para seguir con esta racha argentinística: fuimos a ver un encuentro de tango “Donde el Che” y visitamos al embajador argentino que nos preparó una carta que nos ayudará a pedir la visa para ingresar a Estados Unidos.






Reencuentro con los chicos del Citro, en lo de Luis, un colombiano, genio, que aloja a los muchachos. Dejaremos que las fotos hablen solas de esa noche:


Tranquilitos cenando espaguetis, así empezó la noche…


Y así terminó…

10 de junio de 2009

Puerto Viejo, Costa Rica

Llegamos a Puerto Viejo, un pequeño pueblito playero caribeño. El lugar nos encantó pero antes de decidir nada estacionamos a esperar a los chicos del Citro que están haciendo los papeles en la frontera. Hay algunos, muy poquitos negocios en la principal y única calle de tierra que delinea la costa por un par de kilómetros, eso es todo el poblado, para un lado el Mar Caribe en todo su esplendor, para el otro, pura selva...
Un chico pasa en bici y se asombra con nuestra línea del mapa que empieza en Bahía Blanca, apenas nos habla nos damos cuenta que Ezequiel es argentino y su novia María también. Enseguida nos invita a su casa, hermosa, una cabañita en el medio de la selva a pocos metros del mar... conocemos también a Mía, su nena de un año y medio que nos cautivó desde el primer momento, es un bombón...







Mía hace los quehaceres, sus padres enloquecen y ella roga piedad...


Finalmente llegan los tíos salvadores y ella decide pedir la emancipación temprana...









La conexión con esta hermosa familia es inmediata, nos enamoramos de Puerto Viejo y todo en el aire indica que debemos quedarnos un tiempito a disfrutar de esta energía. No fue muy difícil encontrar cómo generar algo de plata y no consumir los últimos ahorros, a los dos días encontramos trabajo en Standford’s, un resto-bar en la playa, de Juan, un argentino que se entusiasmó con el viaje y nos brindó la ayuda a su alcance. ¡Gracias!





Trabajamos una semana y después fuimos víctimas de la crisis y nos convertimos en desempleados... Standford’s cerró. A buscar otra cosa, y todo va a apareciendo, parece que Puerto Viejo nos abre las puertas para compartir un poco de su belleza con nosotros. Las mallas tejidas a crochet parecen ser fáciles de vender en los comercios así que Aymi se mantiene ocupada y Juancho todavía tiene un montón de opciones por agotar... pero acá la vida es tan fácilmente feliz que da miedo!
Mientras tanto el tiempo se ocupa en reírnos, morirnos de la risa, estallar en carcajadas y reírnos más... Mía, Ezequiel, María, Aymi y Juan son un equipo que da RISA!!!!
Nos la pasamos de 10: María cocina sorrentinos, Juan intenta surfear, Eze vuelve a ser Paolo, Aymi cocina “carlitos”, Mía hace pompis, María hace trenzas a Aymi, Eze cocina huevos fritos con papas fritas, Juancho intenta dormir a Mía, todos vamos a la playa: Punta Uva, Cocles, cualquiera viene bien, María hace compras en Pirripli –la única y gran despensa del pueblo que vende Taragüi, a 4 dólares el medio kilo pero vende- y va con su moto a hacer sociales en el pueblo, Mía sólo se duerme con la música a todo volumen, Juancho cocina Pretzel, Aymi teje, juntos vamos a un torneo de surf –claro está que somos espectadores-, Eze cumple 35, Aymi y María cocinan tortas raras y pizzas, todos juntos otro relax en la playa, después en las hamacas, Juancho juega con caballos en el mar, Mía baila a lo venezolano... ¿¿¿¿¿????? todos juntos: UNA RISA...






























Después mudanza, parece que no nos bastan estas satisfacciones y ayudamos a los chicos a mudarse a una nueva casa que cuidarán-alquilarán por seis meses a unos extranjeros.... pero el lugar no es cualquier lugar: una cabaña en la playa, súper apartada, con un deck espectacular que ya estamos estrenando entre birras y lasagna de la huerta...
¿De más está decir que el equipo de RISA seguirá participando un tiempo más?