18 de julio de 2010

Palmer, Seward y Soldotna


Seguimos paseando por Alaska... después del Parque Nacional Denali manejamos en dirección sur para ir al pequeño pueblito de Palmer, donde asistimos a un car-show y pudimos vender algunos libros. Dormimos un día en el estacionamiento de un supermercado, pero eso sólo duró una noche, porque Dave y Wendy nos encontraron en una montaña, justo en la cima mientras mirábamos un glaciar, y nos invitaron a su hermosa cabañita, donde sólo pasamos una noche porque Hiram y Maiko, un alaskeño casado con una japonesa, que tienen un hermoso hijito: Hatcher, nos invitaron a su casita también, hasta fuimos a la casa de los papás de Hiram a disfrutar de una cena familiar.


Enseguida organizaron para llevarnos a pasear, aprovechamos el día lindo y nos fuimos a "Hatcher Pass", un lugar remoto en el medio de las montañas que hoy no están nevadas, pero durante el invierno acumulan metros de nieve. Esta solía ser una mina de oro, que trabajaba sin descanso las 24 horas del día, los 365 días del año. Pero se destruyó, hoy son ruinas y´podemos ver cosas intactas con las que trabajaban en aquellos tiempos, por allá a principio de siglo, en condiciones increíbles. Pero kilos de oro salían todos los días...


En Alaska nos hemos malacostubrado: de latitas de atún al agua a salmón en todas sus formas. Con un pedacito que nos regalaron Juancho se hizo un plato gourmet en nuestra pasada por Anchorage, durmiendo en el supermercado.


Como todos tenemos vecinos, nada más que estos cambian todos los días, y a veces son humanos o pueden ser ballenas u osos. Pero esta vez era una linda pareja candiense que nos invitó a desayunar a su motor-home.


Siguiendo rumbo al sur encontramos la parte más linda de Alaska, montañas nevadas y lagos a montones.
En Seward pasamos unos días acampando en la zona del Exit Glacier, inicíando así nuestra aventura con los glaciares, y si...  todavía sin conocer el Perito Moreno, pero para eso habrá tiempo.
Recorremos el hermoso lugar de punta a punta, olfateamos lindas zonas para dormir y pasamos un día entero caminando por las alturas de las montañas, buscando diferentes vistas del inmenso glaciar, y caminando, como siempre, al son de los silbidos y el: "Osiiiii!!!" Y esta vez funcionó, una mamá con dos ositos nos soprendió a pocos metros.






A pocos kilómetros está Soldotna, en el medio del bosque nos esperan Sonia, de Argentina, y Mike. Nos quedamos con ellos 3 días, disfrutamos de vivir en ese hermoso bosque y nos llevaron a conocer la pesca del salmón, fuimos a la desembocadura de un río, donde vemos a cientos de personas, padres o madres de familia, hasta los hijos, metidos en ese agua helada durante horas con su red, sin tener que hacer mucho, cada minuto sale alguien con un enorme pescado, y esto es así a cada hora, cada día de esta temporada de salmón que dura un par de meses, y se pescan los miles de salmones que alimentan a Alaska durante todo el año.

-Salmoncito a la parrilla hecho por Mike-


Se termina la vuelta por el sur, ya no hay a donde ir y tenemos que volver hacia el norte, el plan es pasar por Anchorage sólo un día, donde esperamos dormir en el supermercado otra vez, pero en ese mismo día recibimos el mail de Marcos Vega, un chico que nos compró un libro durante nuestra exposición en Fairbanks, invitándonos a su casa en Anchorage, a conocer a Antonio, su papá argentino y Mariana, su mamá dominicana. Nos agasajaron con un asado, nos convencieron de que nos quedáramos a dormir.
Hoy hace una semana que estamos en su casa, estamos raptados por un hogar feliz.
Mientras tanto, seguimos con planes para la vuelta... todo puede pasar.
¡Hasta la próxima! Sólo sabemos cuándo,
 pero, ¿desde dónde?

3 de julio de 2010

Fairbanks, Parque Nacional Denali


Ahora sí, después de unos dias de descanso podemos contarles qué estuvo pasando y cómo seguirá esto:
Hace unas semanas atrás dejábamos Canadá, nos recomendaron llegar hasta Dawson City antes de pasar a Alaska. El camino que tomamos requiere manejar en la altura y disfrutar de un paisaje alucinante, la llaman "La carretera del fin del mundo". Son casi las nueve de la noche pero ni nos damos cuenta de la hora, relojes no sobran y el sol puede estar por horas en la misma posición. Manejamos solos por muchas millas sin que ni un auto apareciera, y nosotros ya cerquita de Alaska, no hay nada, ni un mínimo cartel que nos de una señal para saber a cuánto estamos, si nos encontramos en el camino correcto o si algún día aparecerá un puesto fronterizo en esta literal "nada absoluta".


Pero al fin aparece, entre las montañas, a lo lejos, vemos una casita con una bandera canadiense y otra con una estadounidense. Estamos por atravesar la ultima de las casi 20 fronteras que pasamos en este viaje que ya lleva 2 años. Allá está... Alaska, ¿y después? Quién sabe, parece que es la última nomás.
No hay ni un auto, no hay nadie, solo un policia de migración que sonríe al ver la camioneta y se contagia de nuestra alegria, nos cuenta que él está pensando en hacer un viaje igual hasta Argentina. Ahi está, no debemos ser los unicos que lo inspiran a salir a viajar, cientos de viajeros que van de una punta hacia la otra del continente pasan por acá, la frontera mas al norte del continente:

-Creíamos ver en Alaska montones de hielo y nieve... pero nos conformamos con los restos-


Alegria, sentimientos miles, pero también una sensación de... "¿Eso era todo?". Claro que no, seguimos manejando como si nada hubiera pasado pero de a poquito vamos cayendo. Son varias millas más las que pasamos manejando hasta que encontramos un pueblo de una manzana donde dormir, previo brindis con unas cervecitas, claro.

Volando llegamos a Fairbanks, una ciudad bastante grande, pero no muy diferente a todas las que vimos hasta ahora en estas tierras. Aunque ésta es un poco diferente, está rodeada de bosque, bosque y más bosque, y a lo lejos se ve la hermosa cordillera nevada. El apuro por llegar a la ciudad es porque tenemos que ir a un evento donde se exponen autos antiguos, allá llegamos y nos invitan a pasar con la "Celestina", ponemos los libros y a vender... y ahora las dedicaciones son un tanto diferentes.


Hace tiempo nos espera Carole, una señora que conocimos en el Parque Nacional Zion, unos meses atrás allá por Utah. Ella, como la mayoría de los habitantes de Fairbanks, vive en la sierra, rodeada de bosque y con una vista espectacular... un paraíso.
Carole es un amor, nos cocina, nos lleva de paseo, nos atiende como sus más adorados nietos. Con ella visitamos el "Museo del Norte", donde aprendemos cosas increíbles de Alaska: antes territorio ruso, comprado por los estadounidenses, donde viven miles de indigenas, no todos esquimales como creemos, hay cientos de otras culturas, sus rasgos son achinados, acá caemos lo cerca que estamos de Asia, podemos ver por dónde vinieron los primeros hombres a América. Esta vez es difícil acercarse a las comunidades, como lo hicimos alguna vez en la selva o en las islas caribeñas, acá los nativos que mantienen sus costumbres viven en lugares muy difíciles de llegar, sólo accesibles por avión, por eso este Museo nos ayuda a experimentar su cultura, su manera de vivir, sus trajes, su comida, sus rituales.
 
-Quién sabe cómo se llamarán estos-


Tambien vamos a conocer la razón por la cual "comprado por los estadounidenses", la "Pipe Line" es una tubería de 800 millas de largo, que recorre desde el Mar Artico hasta Puerto Valdéz en el Pacifico, ¿qué transporta? Petróleo.


21 de Junio, es el día más largo del año, el día en el que el sol nunca se pone. Y claro, hace semanas que no se ve ni un segundo de oscuridad, y pasarán otras mas antes de maldecirla. Por eso hoy los alaskeños festejan como nunca, en unos meses sólo tendrá noche. Vamos con ellos a celebrar el "Festival de medianoche" y despues disfrutamos de un atardecer eterno, pasamos horas mirando esta imágen:


Nos despedimos de Carole, la idea tambien era despedirnos de Fairbanks, pero como siempre, lo que nos ancla es la gente: esta vez es la familia Wilson. Siri y Tim son profesores de español en la Universidad de Alaska, nos conocieron durante la exposición y nos invitaron a su casa, también en el bosque. Con ellos pasamos unos días hermosos, jugamos con Max, Charly y Sam, sus hermosos hijos, tuvimos interesantisimas charlas, disfrutamos de un estilo de vida diferente, ellos si que son diferentes.
Al igual que Carole, en la casa de los Wilson el pensamiento es distinto, no como el que generalmente observamos en el resto de Estados Unidos, acá lo importante es disfrutar la vida: abrir la ventana y mirar el paisaje, salir afuera y caminar entre los pinos, cosechar mi comida, trabajar en mi casa, sonreir con mis hijos cada momento del día, apreciar una comida, un buen vino, un momento con amigos... Lo que nos llevamos de ellos es un recuerdo hermoso, una experiencia estadounidense diferente y un ejemplo de vida simple, casi autosificiente y lo más importante: feliz.

-Los alaskeños tienen el privilegio poder de pescar 30 salmones por familia cada año, nos deleitamos con los Wilson y su salmón ahumado-

-"Samuel el terrible"-

-En dos años Juancho hizo de todo para mantener esta familia: cocinó, atendió mesas, pescó con arpón, vendió postales, aprendió a hablar en inglés para vender los libros, fue barman, cosechó tomates, fumigó con repelentes naturales, fue albañil, tejió pulseras, enhebró y ajugereó semillas a montones, juntó hongos, y le faltaba... ¡¡ser leñador!!

-Tim es doctorado en español, especializado en Rock Nacional Argentino... con eso decimos todo.-

Vuelta en U: dejamos el norte, la brújula, por primera vez dos años, marca hacia el sur. Nuestra próxima parada es el Parque Nacional Denali, donde está el Mt. McKinley, la segunda montaña más alta de América, después del Aconcagua. Podemos decir que "parece" hermosa, porque en realidad es dificil verla, hace días que nos acompañan las nubes y no se quieren mover. Esperamos un día, dos... pero nada... Todo está tapado. Igualmente la única manera de ver bien el paisaje del Parque es adentrándose por las 90 millas de camino que hay hacia su interior, pero está prohibida para vehiculos particulares, y el bus privado cuesta 25 dólares cada uno por día, por lo que tuvimos que conformarnos con una pequeña caminata por la entrada. Aunque siempre aparece el angelito de la guarda, esta vez Christopher, un guardaparques que nos ayudó a subir al bus gratis, y gracias a él pudimos apreciar realmente la belleza del Denali, sus enormes rios, montañas nevadas y la plaga de osos Grizzlys que andan por ahi como los perros andan en el barrio de mi casa. Increible...

-¿Marmota?-

-Un moose y un baby moose-

-...aguatero...-

-...bachero...-


Y ahora sí, ¿qué queda de "Uniendo las tres Américas"? Parece que mucho. No sabemos cómo volveremos a Argentina, sólo sabemos que nos gustaría estar antes de que termine este año. Hay dos posibilidades de llegar: manejar o embarcar, o combinar ambas. Por supuesto que esto requiere de dinero, tendremos que vender muchos libros, conseguir algun trabajito o... ya veremos, paso a paso como todo lo que sucedió en este tiempo en el que probamos una vida diferente, y asi fue, sin esperar demasiado y planeando mucho menos, como nos pasaron cosas maravillosas!

Mientras tanto les seguiremos contado... ¡todavia hay más Alaska y más América!