20 de agosto de 2010

PN Redwood, Oakland, San Francisco, PN Yosemite y Los Angeles

Quedaron atrás Washington y Oregon, pero seguimos siempre pegaditos a la costa, ahora del estado de California.




Buscando lugares para dormir encontramos un camping al lado de la fria playa y, al ver que hay que pagar, nos estamos por ir pero un buen hombre nos frena, paga por nosotros y nos invita al fogón con su linda familia donde charlamos por varias horas.
Siguiendo camino llegamos al Parque Nacional Redwood, done viven los árboles de las Sequoias, los más grandes del mundo, alcanzan los 220 metros de alto y los 26 metros de diámetro. Por supuesto son muy viejos, algunos viven desde hace 3200 años. Manejar y caminar entre ellos es increíble, y claro, nos hace sentir diminutos.





La siguiente parada es Oakland, donde nos recibe Luciano, un argentino casado con una estadounidense, Sehila. Allí sólo estuvimos tres noches, y durante el día nos dedicamos a visitar la ciudad.



Oakland queda a 10 kilómetros de San Francisco, la ciudad de los puentes, nos dedicamos a recorrerla y caminarla por todos lados. Es realmente linda, pero sobre todo diferente: en toda esta zona se siente un ambiente distinto, gente de todos lados del mundo, muchas culturas en un mismo lugar, se siente menos la estructuración, se ve juventud enérgica, se perciben las ideas, el diálogo, la predisposición, la inquietud, la apertura de una sociedad que no parecía ni cerquita a ninguna de todas estas cosas... San Francisco es micromundo de color adentro de un megamundo en escala de grises.










Estamos terminando la vuelta por Estados Unidos, todavía no sabemos cómo nos vamos a volver a casa, pero poco tiempo nos queda por acá, eso seguro. Y para despedirnos nos vamos a buscar la frutillita del postre de lo que más nos gustó de este pais: los Parques Nacionales, y es el Yosemite.
Ya a la distancia se empieza a ver que esto será distinto a todo lo que vimos antes, es algo q nos deja con la boca abierta






Juacho encuentra la famosa piedra en el mundo de la escalada, el gran "Capitán" y sus 2000 metros de pura piedra que van desde el piso en dirección al cielo. Un escalador puede tardar más de dos días en llegar a la cima, para lo que tiene que pasar un par de noches suspendido en una cama que se agarra de un gancho clavado a la pared. Juancho lo piensa...



Pasamos unos días disfrutando de los hermosos días de sol, y para rematar quisimos trepar una montaña para dormir arriba. Subimos sin parar por unos 6 kilómetros de una de las caminatas más duras que alguna vez hicimos, y con mochila en la espalda. Pero al llegar, queremos armar la carpa y nos damos cuentas que olvidamos las barillas. Nada de carpa, nada de camping, nada de noche en la motaña, hay que bajar.

Tratamos de hacerlo rapido para que no nos agarre la oscuridad.

Y menos mal que bajamos, porque en este Parque hay más osos que en ningún otro, ¡ni siquiera en Alaska vimos tantos!, y están acostumbrados a mucha gente, caminan por todos lados como si fueran perros...









Después de despedirnos de este lugar espectacular nos toca ir a otra realidad: las odiosas autopistas que nos dirigen a Los Angeles. Sumergidos otra vez en un río de autos y más autos, manejamos hacia el sur por el valle de California, para llegar por segunda vez a la enorme ciudad. A pocos kilómetros nos recibe Miguel, un argentino con quien pasamos dos días, pero nos divertimos un montón.





Los Angeles fue antes un lugar decisivo para nuestra subida: aquí debíamos conseguir la visa para Canadá; ahora es un lugar decisivo para nuestra bajada: iremos al puerto a buscar datos y ayuda para embarcar a Sudamérica. Para esto nos reencontramos con nuestros queridos Citro-amigos, y ojalá tengamos la misma inedita suerte que tuvimos los cuatro aquella vez. No se sabe, lo que si sabemos es que tenemos la misma energía y ganas, antes para llegar a Alaska, hoy para llegar a casa, y con esa fuerza conseguimos cosas increíbles... ¡Allá vamos!


1 de agosto de 2010

Anchorage, Seattle, Oregon

Lo que iba a ser un día en Anchorage terminó siendo una semana, como siempre en nuestras historias.


La familia Vega, sus parientes y amigos nos entregaron amor de hogar y tantos mimos que no pudimos despegarnos de ellos, pero en Septiembre se nos vence el permiso para estar en Estados Unidos y tenemos que apurarnos para bajar.








Llegamos al Puerto de Anchorage, por donde entra y sale todo a Alaska, a contar nuestra historia, después de varios intentos caímos, de pura casualidad, en la oficina de Stuart, el Director de Operaciones del Puerto, él nos prometió ayudarnos con el envío de la camioneta hasta Seattle, Estados Unidos, una ciudad que queda a unos 4.000 kilómetros de manejo. No podemos creer lo que oímos, y menos lo que vemos, cuando al fin se hace realidad y gracias a Cindy, Relaciones Públicas de TOTE pusimos la camioneta en un enorme ferry que tardará una semana en llegar hasta Seattle.

Ahora, ¿y nosotros cómo vamos?
 Primero intentamos por todos los medios meternos en el barco, en la cubierta, escondidos en la camioneta, en los camarotes de los marineros... pero nada. Después pensamos bajar a dedo, buscamos autos que fueran hacia el sur por internet, preguntamos precios de colectivos, pero no es fácil, el trayecto es larguísimo y casi nadie lo hace ya que hay que atravesar Alaska y Canadá. Aquí el medio de transporte por exelencia es el avión, algo muy poco común en nosotros, pero si esa es la alternativa allá vamos: tratamos de manguear los pasajes de avión en Alaska Airlines, pero no resultó, fue la familia Vega quien finalmente sacrifica millas que tienen guardadas para regalarnos los pasajes. A ellos no hay cómo decirles GRACIAS, esperamos recuerden siempre el abrazo de oso que les dimos al irnos, todavía muchos días después de la despedida seguimos poniendonos trsites. Pero como siempre decimos: felices por haberlos conocido.







Seguimos sin creerlo, estamos subiendo a un avión donde vemos Alaska desde arriba, sus glaciares e inmensas montañas. Hacemos una escala en Juneau, la capital de Alaska, y luego seguimos hacia Seattle. A plena medianoche, Logan, el hermano de Spencer (un muy amigo que hicimos en nuestra estadía en Salt Lake City, Utah), nos va a buscar al aeropuerto para llevarnos a su hermosa casa en un lago en Issaquah, muy cerquita de la enorme ciudad de Seattle, donde conocimos a Roy y Connie, sus papás. Dos hermosas personas que nos hacen sentir como en casa desde el primer momento en que llegamos: a las dos de la mañana.










"¡El miércoles estamos en Seattle!", le dijimos a Spencer cuando nos enteramos de nuestra nueva aventura hacia el sur. Su respuesta fue: "Ya voy para allá", y como si fuera acá a la vuelta él, junto con su novia Teresa, manejó 14 horas para llegar a la casa de sus papás y recibirnos. Desde el momento en que llegó no paramos de divertirnos; de pronto es verano, el clima de Alaska quedó atrás y nos la pasamos haciendo deporte, paseando o adentro del lago: haciendo káyac, kneeboard, wakaboard, jugando al tenis, escalada, paletas en la playa y hasta manejando una lancha!


 La camioneta llegó al puerto, a donde la fuimos a recibir bien contentos, mágicamente ya estamos piloteando a "La Celestina" por las autopistas de la gran ciudad.
 














La Pini tratando de pararse.

La Pini frustrada.








Es hora de despedirse de la linda familia Stromberg, otra vez fuertes abrazos con un amigo, verdadero amigo, que hicimos en el camino y que ahora es de la vida: GRACIAS SPENCER!!


Ahora manejamos hacia el sur bordeando la hermosa costa de Washington y luego Oregon, en el camino paramos a participar de algunos Car-Show, donde ponemos nuestros libritos y a vender... todavía están en vista las miles de opciones que tenemos para volver a casa, pero para todas se necesita algo de dinero, así que no podemos dejar de vender los últimos libros que nos quedan. Paramos en lindos pueblitos como Tilamook, donde nos hospedan Laurel y Scott, y después a seguir... el sur sigue llamando, pero todavía no sabemos cómo sigue esto. No es de misteriosos... ¡¡es que no tenemos ni idea!!



Car Show Downtown Tilamook


Car Show Air Museum Tilamook

Car Show Toledo


¡Hasta la próxima y otra vez... quién sabe desde dónde!